- Hace un par de noches y no, no se ha movido de ahi.
Mordí nuevamente la manga del pijama nerviosa. Queria salir corriendo de esa habitación a por algo, no se, alguna cosa. No sabia como tratar con eso y nadie me había explicado como habia aparecido esa pierna bajo mi cama. Porque era simplemente eso, una pierna que se extendia hasta la oscuridad más profunda del colchon.
Nos quedamos un par de minutos callados, esperando tal vez que dicha "cosa" reaccionase, aunque debia admitir que más que aliviarme, eso me espantaria aun más. Evan se acercó lentamente hacia él hasta que el pié quedo a la altura de su cara. ¿Se estaban mirando a los ojos o que clase de idioma intentaban usar?
- Ehm... ¿Quieres algo? - susurró. El extraño pié extendió el pulgar hasta la mejilla del muchacho para luego señalarme a mi o, mejor dicho, creo que era a mi. Luego empezo a temblar unos segundos y volvió a quedarse frente a frente con él. - Esto... ¿Tienes donde ir? o sea ¿Tienes algun par o cuerpo? No quiero ser grosero, no es que te esté echando ni nada parecido...
- ¿Tienes hambre? - interrumpí ahora que sabia que fuera lo que fuese eso iba a contestarme - ¿Quieres que llame a alguien? ¿ Estas buscando algo?
- Lo que tiene es frío, idiotas.
Valeria entró en la habitación arrastrando su camisón rosa en medida que saltaba para quitarse uno de sus calcetines. Aquella niña de 5 años no había oido nada de esta extraña aparición hasta hoy y... Dios mio, una niña de 5 años era mas sensata que nosotros.
Evan me miró sorprendido, incapaz de articular palabra ante la aparición de la pequeña. Agité la mano señalandole que la dejara y dimos ambos un paso atrás para abrirle camino sin problemas. Le mandé callar y Val sonrió, sentandose junto al pie y poniendole el diminuto calcetin todo lo que daba de si. El pié ni siquiera opuso resistencia, es más, Val lo abrazó como si de un peluche se tratara y dejo que se fuera. Así, sin más.
XxXxXxXxXxXxXxXxXxXxXxX
- No me importa decirte que lloro con ciertas cosas, lo que me incomoda es llorar delante de otras personas.
- Si a mi me pasa lo mismo - replicó con una sonrisa complaciente.
Pero después de cinco años, era cierto que jamás le habia visto ni una sola lágrima.
